Reducir conflictos por el aparcamiento en Universidades a partir de datos

La problemática derivada de la convivencia entre múltiples colectivos en el aparcamiento de las universidades suele atribuirse de inmediato a una falta de plazas disponibles, cuando en la gran mayoría de casos la causa real es la falta de visibilidad sobre cómo se usan los espacios. Combinando tecnologías IoT y analítica avanzada, los campus universitarios consiguen tener una idea clara sobre la demanda, detectando patrones de saturación y espacios infrautilizados.

Cómo gestionar plazas compartidas, puntos de recarga eléctrica y diferentes colectivos mediante analítica avanzada

En los campus universitarios conviven miles de estudiantes, docentes, investigadores, personal administrativo, proveedores y visitantes. La infraestructura que comparten ya es limitada de por sí, especialmente el estacionamiento, a lo que se suma la electrificación de la movilidad

Dentro de los distintos colectivos que hacen uso del aparcamiento, también hay que contar con los puntos de recarga para vehículos eléctricos instalados como parte de sus estrategias de sostenibilidad. De hecho, en este contexto, la ocupación de espacios destinados a este tipo de vehículos por otros que no están cargando se ha vuelto un problema habitual últimamente. Los datos apuntan a que estos suponen alrededor del 23% de los vehículos, es decir, cerca de 1 de cada 4 usan un recurso que no necesitan y privan a los que sí de este.

Dado que la disponibilidad de plazas en universidades es limitada, este comportamiento causa conflictos entre usuarios y complica el cumplimiento de los objetivos de movilidad sostenible establecidos en el campus. La inversión hecha tampoco se aprovecha debidamente. Lo bueno es que es un problema fácil de resolver con una gestión basada en datos.

El problema real: ¿falta de plazas o falta de información?

Cuando surgen reclamaciones relacionadas con la gestión del parking, se tiende a plantear una ampliación de este sin tener en cuenta si es necesario o no. En muchos casos, la cantidad de plazas no es el problema, sino la falta de información sobre el uso que se hace de ellas: cuál es la ocupación real de cada zona, quién las utiliza, a qué horas, durante cuánto tiempo, cuáles tienen menos rotación, dónde hay más infracciones, etc.

Tomar decisiones a partir de percepciones o presiones internas no lleva a ningún sitio, es clave basarse en evidencia objetiva y la digitalización del aparcamiento hace más fácil transformar dichas incógnitas en indicadores medibles. 

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Qué datos necesita una universidad para gestionar correctamente el aparcamiento

1. Datos de ocupación

La ocupación es el indicador más básico. Los dispositivos de detección IoT integrados en el sistema permiten detectar el inicio y el final de dicha ocupación, el tiempo total de permanencia, el nivel de ocupación por zonas y revisar los datos históricos. Gracias a ellos, es posible saber cuántas plazas están ocupadas, además de cuándo y durante cuánto tiempo. 

Por ejemplo, una ocupación media diaria del 50% podría dar a entender que existen suficientes plazas para dar cabida a la demanda, mientras que un análisis horario puede ver que a ciertas horas se llega al 100%. Sin análisis temporal y espacial, estos desequilibrios quedan ocultos tras los promedios generales.

2. Datos de rotación

La rotación mide cuántos vehículos diferentes utilizan una plaza en un periodo determinado y es que, desde una perspectiva operativa, cada una ha de poder atender a múltiples usuarios. En ciertos entornos, se registran entre 10 y 30 rotaciones diarias. 

Los datos de rotación hacen posible detectar qué espacios están siendo infrautilizados, si los hay monopolizados por estancias prolongadas, cuáles son las zonas con más demanda y determinar si es necesario redistribuir recursos o modificar las políticas de uso. Por otra parte, ayudan a establecer límites temporales ajustados a la realidad del campus.

3. Cumplimiento normativo

La plaza de aparcamiento puede estar ocupada y usarse de forma indebida, por lo que es muy importante detectar la diferencia. Con un sistema de control inteligente es posible ver si hay algún vehículo que exceda el tiempo permitido, si la plaza ha sido ocupada por usuarios que no cuentan con autorización o se trata de un espacio reservado para otros usos, como serían las plazas de recarga eléctrica. Los datos obtenidos influyen directamente en la convivencia de los colectivos del campus de la universidad. 

El nuevo desafío: las plazas de aparcamiento con recarga eléctrica

Las universidades ya han empezado a reservar espacios equipados con cargadores para que los distintos colectivos que hacen uso de esta alternativa de desplazamiento puedan recargar sus vehículos durante su visita, aunque, como mencionábamos antes, no basta con detectar que la plaza está ocupada para asegurar un buen uso. Para verificar que el usuario hace buen uso del cargador, se combinan dos fuentes de información: los datos de ocupación y los datos del cargador. 

Datos de ocupaciónLos proporcionan los sensores instalados en cada plaza de parking y permiten saber si hay presencia de un vehículo, así como cuándo llega y cuándo abandona el espacio.
Datos del cargadorSe obtienen gracias a la infraestructura de recarga, proporcionando información sobre el estado del punto de recarga, el inicio y el final de la sesión, la potencia suministrada y el tiempo de utilización. 

La lógica es relativamente sencilla. Si un sensor detecta un vehículo estacionado y, pasado un periodo de tiempo determinado, el cargador continúa sin actividad, se genera una incidencia. Este mecanismo permite diferenciar entre usuarios en sesión de carga, retrasos razonables y ocupaciones indebidas. Hablamos de una supervisión automática sin inspecciones constantes sobre el terreno. 

Cabe recordar que no todas las incidencias generan el mismo impacto, no es lo mismo ocupar indebidamente una plaza durante cinco minutos que durante una hora, de ahí la importancia de medir la duración de la infracción en cuestión. 

Del control reactivo al control predictivo

Una de las ventajas de contar con un sistema de analítica avanzada en el estacionamiento del campus universitario es que este permite pasar de una gestión reactiva a una predictiva. Ya no hay que esperar a que lleguen las quejas de los usuarios, los responsables del parking pueden detectarlos en tiempo real e incluso identificar patrones de comportamiento antes de que afecten a la experiencia de los usuarios o a la operativa en sí. 

Conocer los horarios con mayor número de infracciones, qué facultades concentran una mayor presión de aparcamiento, qué zonas presentan una rotación baja, qué colectivos requieren de necesidades específicas o si los puntos de recarga instalados en el campus son insuficientes, es de gran ayuda para anticiparse a las incidencias. Asimismo, el análisis continuo permite detectar cambios en los hábitos de movilidad, pudiendo adaptar y redistribuir los recursos.

Gestionar el aparcamiento de la universidad como un recurso compartido

La mayoría de los conflictos en las universidades tienen su origen en la competitividad de los distintos colectivos por los recursos. La solución no siempre tiene que ser construir nuevas plazas de aparcamiento, sino que puede bastar con gestionar mejor el espacio disponible.

1. Control por perfil de usuario

Las plazas incluidas en el sistema de control inteligente pueden asignarse a perfiles concretos: profesorado, investigadores, estudiantes, personal administrativo, etc. Una segmentación que facilita que colectivos concretos puedan acceder a una sin invertir más tiempo del necesario. Además, las prioridades pueden modificarse en cualquier momento de acuerdo a horarios o necesidades operativas, equilibrando la disponibilidad para que no queden infrautilizadas. 

2. Control por franjas horarias

Una misma plaza puede tener distintas reglas de uso a lo largo del día: se puede dar acceso a profesores durante la mañana y a estudiantes por las tardes, así como reservar el espacio para visitantes cuando hay eventos académicos o jornadas de puertas abiertas, por ejemplo. Esta flexibilidad aprovecha mejor la infraestructura y posibilita que un mismo recurso del campus pueda atender a distintos colectivos a lo largo del día.

3. Control por tiempo máximo

Con la limitación temporal del uso de plazas de aparcamiento, se evita a determinados usuarios monopolizar las plazas, sobre todo las de alta demanda que se suelen encontrar en las zonas centrales del campus universitario, normalmente por estar cerca de las facultades, bibliotecas o centros administrativos. Cuando la rotación aumenta, las reclamaciones disminuyen y mejora la percepción de equidad entre los usuarios, por tanto, la experiencia en el centro educativo.

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